María Lourdes Afiuni: indefensa víctima de tres de sus congéneres

Desde el púlpito de la adulancia extrema, tres damas avalan un crimen continuado

Rafael Rivero Muñoz

Caracas, 231112

  • “… La maldad no es algo sobrehumano, es algo menos que humano…” Agatha Mary Clarissa Miller “Agatha Christie” (1890/1976)

Para quien la profesión lo llevó a presenciar e investigar tanto lo más sublime como lo más bajo y rastrero que pueda ser posible concebir en la especie humana, algo quedó palpable y fue posible observar, dentro y fuera de fronteras, en algunos ejemplarizantes hechos de violencia letal en combate entre seres humanos.

Por propia observación sobre el terreno, nos quedó la impresión de que en materia de uso de instrumental para la aplicación de la violencia extrema en combate, mucho más dramáticas, contundente y definitiva son las expresiones materiales, cuando el ejecutor del acto de extrema violencia, es del género femenino o con marcadas tendencias feminoides.

Y pareciera ello quedar confirmado en las recientes revelaciones sobre la detención María Lourdes Afiuni, no bastan las privaciones, vejaciones, torturas; hacía falta algo, algo mucho más contundente para complacer el histérico capricho del líder Hugo Rafael Chávez Frías.

Y en las ejecutorias, algo tan pero tan contundente a mostrar al líder como una prueba; y un testimonio para el resto del país, de la más abyecta expresión de sumisión y de devoción.

Nada que no sea de viejo conocido en Venezuela, así como lo refiriera en aquella nota publicada en El Globo el lunes 25 de agosto de 1997 por Pedro Duno: “La Balada del Vencido”

Tres mujeres

Éstas en particular, llenan los titulares con aquello de los Derechos Humanos y la violencia de género y son esas mismas tres las damas bajo cuya diáfana vista, una clínicamente perfecta audición, un diplomado intelecto y una expresa y consciente voluntad, por acción y por omisión, someten su hacer y dejar de hacer a Hugo Rafael Chávez Frías, su revolución y la banda de facinerosos que financia con los fondos públicos.

Y así imponen y avalan esta expresamente criminal política destinada a garantizar la impunidad a todos y cada uno de los ejecutores en las conocidas y documentadas 30.000 denuncias por violación de los Derechos Humanos.

Política que aterrorizando a seguidores y opositores, afianza a Hugo Chávez y les afianza en el poder y en el disfrute de por vida de los privilegios derivados del caos.

Esas tres particulares y especiales damas, están suficientemente identificadas con pelos y señales; son perfectamente conocidas por todos y de periódica mención en los medios de comunicación; a la vez, están  documental y probadamente señaladas por los hechos del diario acontecer y por la dinámica criminal en Venezuela.

La acción política cubierta con ese manto de juridicidad que le imprimen y de la cual forman parte, salen de nuevo a la luz hoy por sus relatos, las expresamente ordenadas vejaciones, torturas, violación, preñez  ejecutadas sobre la humanidad de la indefensa presa María Lourdes Afiuni.

Entre otras esas tres encumbradas damas, de permanente y sostenida presencia pública con sus didácticos alegatos en foros y opiniones a los medios sobre Derechos Humanos y la violencia de género, son:

  1. Luisa Estela Morales Lamuño (presidenta del Tribunal Supremo de Justicia y de la Sala Constitucional) quien sólo está cuidando su puesto y cobrando, además de su fabuloso salario, su jugoso Bono Alimentario mensual equivalente a tres salarios mínimos.
  2. Luisa Ortega Díaz (Fiscal General de la República), ocupadísima investigando si Fabricio Ojeda se suicidó o lo suicidaron.
  3. Gabriela del Mar Ramírez (Defensora del Pueblo), atareada recopilando caricaturas y manchetas.

Una mujer

En la autoría material de estas tres encumbradas damas –entre otras muchas e incontables silenciadas revolucionarias– que definitivamente en este caso representa un paso más allá de la limitada complicidad, se inscriben la detención, el ensañamiento, las torturas, la violación, la preñez y hasta el aborto que, habiendo sido prescritos, fueron expresamente ejecutados sobre la humanidad de la jueza María Lourdes Afiuni.

No importa el tiempo ni los derivados de ese sádico, sostenido y continuado crimen sobre una indefensa mujer porque sobre la frente de cada una de las tres citadas mujeres –Luisa Estela Morales Lamuño, Luisa Ortega Díaz y Gabriela del Mar Ramírez–, ha quedado grabada la marca indeleble de su crimen.

De por vida

Si mañana o algún día las juzgan o no por sus voluntarios actos, ya no importará; la marca está allí y cada vez que las miren, dentro o fuera de su círculo social; cada vez que se miren en un espejo, verán unos y  verán ellas en privado, esa muy brillante y centelleante marca, como pintada con lazer.

La marca indeleble que, destacándolas, las individualiza ya de por vida entre las mujeres de Venezuela, de Latinoamérica y quizas del mundo.

 

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