La inseguridad nadando en el gatopardismo militante

“Comisión de Alto Nivel para la Seguridad  Ciudadana”

Rafael Rivero Muñoz

Caracas, 01/06/12

“… Algo debe cambiar para que todo sea igual…”

Giuseppe Tomasi di Lampedusa

Hasta ahora el tema de la inseguridad ciudadana se ha tratado exclusivamente desde la perspectiva derivadas de la reseña e interpretación de ejemplarizantes situaciones puntuales de la seguridad pública.

Ámbito y empeño que ha permitido adentrarse en algunos importante detalles tanto sobre las supuestas o llamadas políticas de gobierno, como sobre los personajes responsables de su ejecución; tanto como la interpretación de los desempeños o pretendidos métodos de abordajes de cada situación comentada y sobre los inevitablemente sostenidos y constantes resultados:

La inseguridad campante y hasta rampante sobre este elaborado, persistente y muy bien mantenido pedestal de la impunidad.

Pareciera que ahora, en esta juvenil pretensión de aislarse totalmente del pasado, olvidarlo y no tomar siquiera en consideración sus drásticas y las severas enseñanzas de la historia vivida, han colocado a la comunidad de moradores del territorio de Venezuela, que no ciudadanos, en un disparadero.

Frente y de frente a una situación que evoluciona casi al calco con aquella del relato de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, recordemos:

Cuando llega al pueblo de veraneo Donnafugata el funcionario piamontés Chevalley di Monterzuolo y en privada conversación le ofrece al príncipe Don Fabrizio la posibilidad de ser senador del nuevo Reino de Italia, Don Fabrizio rechaza de inmediato la oferta alegando estar demasiado ligado al antiguo régimen; como respuesta, también inmediata, di Monterzuolo acuñaría para la historia la mas famosa y conocida de las frases de la novela “Il Gattopardo” y que está al origen del gatopardismo:

“Algo debe cambiar para que todo siga igual”

Tangibles e indiscutibles los resultados que en ya catorce años se han convertido en una verdadera masacre de civiles; algunas de éstas hasta metodizadas de principio a fin y con un acumulado cercano ya a las 180.000 víctimas y esto, a manos y por obra de una llamada delincuencia común que opera a su libre albedrío, de unas individualidades y hasta de colectivos en hordas que por ser afectas al régimen actúan sin comedimiento y, finalmente, de la cotidiana actividad de calle de las individualidades y colectivos que operan en bandas al interior de los mismos y ya desbandados e incontrolados efectivos –activos, en proceso o en retiro definitivo– en los distintos órganos militares y civiles de policía.

Todos, operando e integrantes de eso que deberemos agrupar y reconocer como el instaurado complejo de seguridad pública revolucionaria.

Complejo cuyo objetivo político, estratégico y táctico, hemos logrado interpretar, discernir y hasta aislar a los efectos de un ulterior tratamiento y que ha estado centrado casi en exclusivo en la destrucción de la capacidad instalada de policía.

Escrito está

Han sido un conjunto de notas de sostenida publicación desde el antes, en el durante y en el después de la instalación del régimen revolucionario y destinadas exclusivamente al registro de eventos y con la pretensión de servir como simple ayuda memoria propia y quizás para potenciales interesados, expertos y no expertos, en estas complicadas y distintas facetas del complejo tema de la administración de justicia en Venezuela y en el particular desempeño de los órganos de ejecución material de las operaciones y medidas de policía.

Notas elaboradas siempre dentro de un criterio profesional de policía que, como es bien conocido y debe quedar claro, no tiene la tarea de juzgar, que por tanto no sentencia, que no denuncia y que menos aún acusa; sólo y exclusivamente, deja constancia escrita de los hechos y quedará siempre en manos del responsable de turno en el ente detentador del monopolio de la acción penal, la FGR, la asunción plena de sus responsabilidades tanto para la atención del particular evento comentado y su investigación criminal, como para la sustanciación y a instancias eventual de una definida voluntad política, si existiere, el ulterior juzgamiento por ante tribunales y si fuere ello el caso.

Despolitizar la política

Se guardó hasta ahora silencio sobre los desempeños “técnicos” y los resultados esperados de aquellos equipos y grupos con potenciales alternativas de poder, en el entendido de que, como profesionales en cada una de sus especialidades, bastaría ese material para alertar sobre detalles del verdadero trasfondo determinante en los desempeños y de los resultados de la Seguridad Pública en estos últimos tres lustros y sin embargo, reciente y necesariamente se debió terciar en el asunto desde el momento en que en la voz de algunos voceros de las rimbombantes Comisiones de Alto Nivel, nos topamos con ambigüedades y con criterios que si bien suenan muy populares para ignorantes –eso que es la moda que brinda a interesados páginas en los medios y tiempos en radio y TV–, carecen absolutamente de sentido en lo teórico y en lo práctico; más aún, con su expresión, se asume, estos “equipos técnicos” proponen una continuidad en la cadena de los acumulados y sempiternos errores, tanto en orden político como con las determinantes deformaciones para el ámbito de lo conceptual, de lo estructural; tanto, como en los desempeños técnicos sobre el terreno y derivados de ese muy extraño criterio: Despolitizar la política

La Comisión de Alto Nivel

Como siempre en toda la historia de Venezuela, estos rimbombantes títulos siempre se vacían a si mismos de contenido al caer en las tres persistentes características ya conocidas y suficientemente comentadas en notas anteriores; las propias a esta dinámica política, o más bien antipolítica de todos los tiempos policiales venezolanos: a) la evasión al conflicto; b) la ley del menor esfuerzo y c) la radical ausencia de rendición de cuentas.

Necesaria e imperiosamente hemos de abrir este polémico frente para entrar en algunas precisiones que inevitablemente se imponen, dados los mismos términos y publicados desempeños de esta hoy llamada “Comisión de Alto Nivel para la Seguridad  Ciudadana  de la Mesa de la Unidad Democrática”.

Precisiones

A cada quien con sus responsabilidades, se asumen las propias soportados exclusivamente en el material oficial que ha sido difundido y hecho público, tanto en los medios de comunicación como en los públicos accesos electrónicos de la llamada Mesa de la Unidad y sobre ello, deberemos precisar algunos detalles:

Son las ideas o los personajes; son las primeras a la cual nos referimos pero, inevitablemente, esas ideas están intrínsecamente vinculadas a cada personaje y no sólo es la experiencia –en donde deberemos distinguir entre un año de experiencia repetido en tantos de permanencia en el cargo y la verdadera experiencia en años consecutivos– la que determina la calidad, oportunidad y propiedad de las ideas, sino más las resultas de su aplicación en sus desempeños de cargos; las que marcarían su concepción, expresión y praxis. Si las ideas fueron en el pasado inconsistente o erradas, como queda en los hechos comprobado, la puesta en práctica más errada aún; si derivado de ello no existe el propio análisis y estudio de los desempeños en comparación con los resultados esperados, lamentablemente, no hay ideas a discutir, sino precisas experiencias a referir frente a un conocido axioma: Nadie puede alegar en su defensa su propia torpeza.

Personajes

Esta integrada por no menos de 18 personas, entre ellos, respetables profesionales de reconocidas capacidades técnicas en sus respectivas áreas de especialidad y de renombrada y necesaria presencia en los medios de comunicación.

A los efectos, separemos profesiones y experiencias conocidas y respetadas y en este sentido, juntos están sentados a los efectos de esta consideración, tres especialidades o experiencias: no menos de una docena de titulados universitario de la especialidad de leyes, de las ciencias sociales y de muy reconocida trayectoria pública, algunos de indiscutida y brillante valía profesional tanto en lo académico como en sus actividades y desempeños profesionales y ciudadanos; otros, dedicados a la actividad política y entre ellos, están los que están allí, asumimos, como “técnicos” de policía, cinco de reconocido y recordado paso por jefaturas, mando y dirección de algunos de los órganos de ejecución material de las medidas y operaciones de policía, más uno que se agrega, o agregan, heredero de experiencia por la vía genética.

Por tanto, adelantamos en citar que algunos de estos expertos en policía, podríamos calificarlos de geniales en sus recomendaciones derivadas de sus experiencias, otros, no pasarán jamás de ser, dada su versada verborrea, genéticos. Entre geniales y genéticos estamos.

“… El pasado castiga…”

Dentro de ese grupo de expertos nos topamos con quien como juez, sería la pieza de fácil manejo en manos del veterano manipulador José Vicente Rangel cuando el asesinato de su yerno José Alberto Totesaut Salicetti y quien desde la misma funeraria, apenas a treinta minutos de ocurrido el asesinato y en improvisada rueda de prensa, ya había identificado y señalado a los medios la identidad del asesino, con nombre y apellido; Rafael Alcántara y luego, casi en exclusiva, contra toda otra potencial hipótesis, la juez  centraría en exclusiva la labor del tribunal de la causa y por ese controlado camino en manos de JVR, el asesinato entró en ese enorme contenedor venezolano, en el grupo de los crímenes no resueltos o expresamente impunes para ser más preciso.

Así mismo veremos, a ese mismo operador años después y desde la vice presidencia, cómo manejaría también y esta vez, “técnicamente” y desde la propia escena del crimen, el caso del asesinato del fiscal Danilo Anderson y así, con la expresa complicidad del titular de la FGR Isaías Rodríguez, en otro tribunal y con otro juez, también quedaría impune y muy a pesar de las decididas condenas a los supuestos pero, no son los criminales, son sólo los seleccionados en un viernes cualquiera en la vicepresidencia (Eladio Aponte Aponte dixit).

Pero lo trascendente del asunto y que nos obliga a terciar para precisar, son los reconocidos “expertos” en el ámbito de la policía con y sin apellido y veamos uno a uno el componente de este 30% del grupo de expertos y uno por uno, cómo de sus propuestas no puede emerger otra cosa que ese muy particular algo para los cambios pero por sobre todo, para que todo siga igual.

En el área de policía

Secuestros:

Nos encontramos con aquel Comisionado Especial del presidente Rafael Caldera Rodríguez para la investigación del secuestro del menor León Taurel (enero de 1970), para quien en calidad de ello, el problema no era el secuestro del menor sino recuperarle el dinero a los Taurel y a cambio de que le devolvieran el rescate que habían cobrado, negociaría con los jefes de la banda, Horacio Márquez Moreno, fiscal 5° en funciones del Ministerio Público; Miguel Antonio Espidel González, ex jefe de la PTJ a quienes bajo el compromiso formal de no detenerlos a ellos ni al resto de los implicados vinculados a la Tribu de David; entre otros se contaron en aquel caso, Douglas y Dixon de Jesús García, hijos de quien en ese momento ejercía como Director General Sectorial de la Fiscalía General de la República Douglas de Jesús Varela. Y así el Comisionado Especial en compañía de Héctor Jacinto López Cardinalle, se fue hasta la venta de carros usados en la urbanización El Paraíso y recibió de manos de “Saperoco” una parte sustancial del dinero cobrado; dicho sea de paso, en el juego de manos, “Saperoco” apartó una paca y se quedó con ella. Mientras, en contraposición a la misión del “comisionado”, los policías cumplían sus funciones y metían en los calabozos uno a uno, a todos y cada uno de los autores de aquel secuestro quienes por cierto, jamás serían sentenciados; justamente por los arreglos de muy “alto nivel” entre la Tribu y los comisionados de ayer y expertos de hoy.

Gatos pero de otro pelaje:

No encontramos con aquel silenciado Jefe de Cuartel de guardia en la PTJ, quien recibiera la llamada por el ministerial desde Miraflores y recibidas las instrucciones, por el interno se comunicaría con el funcionario de guardia en la dirección, José Alberto Morales Gómez; de allí a la llamada en sentido contrario y pareciera haber sido el inicio del destape y el ulterior desarrollo de los acontecimientos relacionados con los negocios de la Mafia en Playa Moreno vinculados a Miraflores, su representante Renato Campeti y el chofer D’Antona, el famoso maletín, el director de PTJ Manuel Molina Gásperi y la extorsión; la supuesta información registrada por la vía de los “caimanes” de que le había llegado de Italia al defensor de D’Antona el esperado documento; una secuencia de concatenados eventos que culminarían en la avenida Andrés Bello con el asesinato del abogado  de D’Antona Ramón Carmona Vásquez quien bajándose de un carrito por puesto es abordado por el Grupo Gato de la PTJ –entre otros Gilberto Castillo, Nelson Fuentes Torrealba, Xavier Anuel Pacheco, Pablo Díaz, Jesús Villarroel y Jesús Méndez Sánchez– y al resistirse, es barrido de abajo arriba con una Ingram; luego la desesperación en la precipitada y aparatosa huída de los Gatos asesinos; el traslado en la batea de una pick up del herido a la Cruz Roja y la ulterior, solitaria y minuciosa inspección del ya cadáver Ramón Carmona Vásquez y de sus pertenencias en la morgue de la Cruz Roja por esa comisión especial destacada e integrada por José Alberto Morales Gómez y Porfirio Valera (el después jefe de DISIP y denominado oficialmente “Mi Gordito” por el presidente Jaime Lusinchi)

Trivial:

Nos encontramos con ese anodino jefe del Grupo Gato o su equivalente (1985), en la época de uno de los tantos períodos de dirección Pedro Arturo Torres Agudo “Pata”; quien una vez fracasada la intentona de silenciamiento y asesinato de los dos comisarios en el caso Rafael Antonio “Macho” González y su derivado a “Los Pozos de la Muerte” en La Cañada, Zulia –fracasada operación decidida en los predios del grupo especial de DISIP y en ese momento dominados por Ramón Emilio Rodríguez Chacín y su socio Henry López Sisco–, a pesar de disponer de capacidad de fuego y violencia bruta suficiente, sería incapaz de llevar adelante su misión de fuerza y para ejecutar una orden directa del director Pata y la simple tarea de someter físicamente a tres hombres y llevarlos a ser reseñados. Por cierto, hoy este anodino se desempeña como jefe de uno de los tantos cuerpos de policía.

El paisano

Nos encontramos con un activo paisano del titular de Interiores y Justicia Tareck Zaidám El Aissami Maddah, quien tiene en su haber de fundador aquella majadera decisión para el cambio de nombre del Cuerpo Técnico de Policía Judicial y quien le acuñó uno nuevo con la expresa pretensión de que si se le incorporaba el término científico en la denominación, el cuerpo llegaría a ser alguna vez científico y así nació otra rimbombante denominación: Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC). El mismo que en el secuestro de Richard Boulton recibiría directamente de manos de la madre de éste el monto en dólares efectivos de la primera parte del pago del rescate; en acuerdo con Ramón Emilio Rodríguez Chacín, ministro, monta en Caracas una aparatosa y fracasada operación de pago del rescate y luego en un extraño pase de manos del dinero con Henry López Sisco, todo el dinero se pierde en el camino, jamás llegó a los secuestradores. El mismo experto que fuera detenido en Miraflores, desarmado y esposado, metido en un calabozo; de donde, luego de zafarle las esposas, fuera rescatado por el propio reinstalado Ramón Emilio Rodríguez Chacín.

Genética y Pelo e’ Guama

Y por último en el exclusivo ámbito de la experiencia en policía, nos encontramos con un muy publicitado opinante de oficio, hijo de un famoso comisario general ya fallecido; quien de vez en cuando se mete como espontáneo en una patrulla disque para patrullar, pero quien jamás ha pasado oficialmente por un cargo ni por entrenamiento de policía, pero aún así, es un  reconocido y frecuentemente consultado como docto en la materia de policía; sigue como espontáneo.

Otro de los particularmente especializados asesores en policía pero sin experiencia alguna en policía, quien llega a las máximas posiciones en directivas de oficinas de Policía de Seguridad de Estado, lo hizo sentado sobre el especial regalo de un Pelo e’ Guama comprado en Barinas y que luego luciría a diario Luis Herrera Campins.

Es decir, en esta “Comisión de Alto Nivel para la Seguridad  Ciudadana  de la Mesa de la Unidad Democrática” y en la importante área de la actividad de policía, nos encontramos con una, pareciera, muy bien seleccionada combinación de experiencias donde se juntan lo genial con lo genético y las técnicas melifluas y es de allí de donde surgen o surgirán, las precisas recomendaciones para que todo siga igual.

Irrespeto

Lamentable que el valioso tiempo, la indiscutida experiencia y la dedicada labor de años de respetados profesionales, pueda ser dilapidada otra vez y de esta forma al ser equiparada con quienes a la busca de posiciones y como experiencia, sólo pueden mostrar fracasos en sus cargos de policía y en su aventurada o desventurada actividad de policía, jamás le han dedicado el tiempo al por qué de sus errores, ni estudiado el asunto y menos aún, han podido jamás siquiera acercarse e identificar el verdadero quid del asunto policial.

Siguen en la misma cartilla que les dejó el viejo y ya desfasado procedimiento del Código de Enjuiciamiento Criminal; no entendieron ayer la reforma, no la entienden hoy ni por tanto podrán hacer válidos los términos pautados por el COPP y de allí estas sempiternas y consecutivas reformas de los otros expertos, los del gobierno, ya van cinco reformas del COPP en este período, pero ninguna de ellas ha tenido ni tiene expresión material en la práctica y así, prefieren estos y aquellos expertos, seguir engañándose y engañando a otros en esa pretendida solución del problema de la seguridad pública, sobre un errado esquema de policía con apellido y esto será así, hasta que se abandone y deje la improvisación a un lado, se asuman los riesgos y conflictos derivados, se empeñe el esfuerzo sostenido en el tiempo y que verdaderos profesionales del área sean, por lo menos, escuchados y sobre todo, que se rinda cuenta precisa de resultados.

Conclusión

Mientras, la improvisación en seguridad pública determina la inseguridad y se incrementa y repletan en forma sostenida uno tras otro contenedor de víctimas de la impunidad, ésta seguirá  nadando a sus anchas en esta enorme alberca del gatopardismo militante y eso, con o sin la “Comisión de Alto Nivel para la Seguridad Ciudadana”

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