Expresamente abortaron la investigación técnica del crimen

El asesinato de Karen Vanessa evidencia paso por paso, la ruta a la impunidad

Rafael Rivero Muñoz

Caracas, 230312

  •  “… No hay hechos, solo interpretaciones… los ‘hechos’ revelan no ser otra cosa que interpretaciones, y la interpretación se presenta a sí misma como el hecho… tenemos que encontrar hilos conductores que nos permitan predecir su futuro acontecer…” Fiedrich Nietzsche (1844/1900)

En la nota anterior se desarrollaron al detalles la secuencia de una hipótesis de ocurrencia en el asesinato de  Karen Vanessa Berendique Betancourt el 16/03/12 sobre las veinte horas en el sector el barrio Teotiste de Gallegos, en un atajo entre la urbanización Monte Bello y la avenida Milagro Norte en la ciudad de Maracaibo.

En lo absoluto pretende y puede ser esa nota una apreciación o examen técnico.

Imposible ello si quien  la redacta no está en la escena del crimen y menos tiene a mano protocolo de autopsia, levantamiento de la escena, planimetría, inspección ocular con sus fotografías generales y de detalles sobre la escena del crimen en su estado probada y documentalmente original.

Originalidad de la escena del crimen y los derivados, garantizados por el proceso técnico documental de su ubicación, su fijación, etiquetado, el levantamiento, su transporte, el almacenamiento, la conservación y preservación técnica y documentalmente registrado y validado en actas; además de los resultados de los exámenes y peritajes técnicos sobre uno u otro elemento físico originalmente levantado en la escena del crimen y de acuerdo al estricto e insustituible patrón de preservación de originalidad pautado y normado para una Cadena de Custodia.

La última información suministrada por el principal testigo, el hermano de la víctima, no viene a otra cosa que a complicar la ya de por si evidenciada severidad en la consideración de los pormenores de este alevoso  crimen.

Afirma Fernando Brendique Betancourt que Karen Vanesa, venía a su lado en el asiento delantero:

“… Ellos no me ayudaron. Yo mismo fui al otro lado y traté de sacar a mi hermana. Estaba herida. Me pesaba mucho… Los oficiales no le tomaron importancia… sacaba los documentos mientras pensaba en su hermana, mientras pedía ayuda. Los uniformados, al verlo distraído, lo empujaron y ofendieron. Ya a él no le dolía otra cosa… gritó. Pidió ayuda. Los uniformados, indolentes, la cargaron y llevaron al hospital…”

Conciente y deliberada conducta en los criminales

El testigo afirma que mientras su hermana herida se agravaba en su estado clínico, los funcionarios le exigían mostrara la documentación personal y del vehículo; que luego ni siquiera le prestan auxilio a la víctima y que es sólo a sus gritos que le ayudan a sacarla de donde estaba y trasladarla: en términos prácticos, si fuere cierto, ese tiempo de ausencia de auxilio a un herido, señala intencionalidad en la aplicación de un daño mayor.

Agravando la apreciación de los hechos por la conducta individual y colectiva de los criminales, ella jamás podrá ser considerada y aceptada como propia a una policía profesional.

El animal sólo mata por hambre y en defensa

En la nota anterior, como afirmamos, en una apreciación lógica en la secuencia de los eventos, ubicamos a la víctima sentada detrás del conductor del vehículo.

Tomando en cuenta el hecho de que si los disparos realizados debían estar destinados a detener al vehículo en su huida, el lógico blanco habría sido el conductor, pero como la víctima estaba sentada detrás de él, justo entre el tirador y el blanco y por tanto en el medio de la trayectoria de las balas, habría sido ella la que recibió los disparos.

El segundo elemento, la reacción de la víctima en el primer disparo que al levantar la mano derecha hacia el cuello, ubica el dedo meñique en la trayectoria del segundo disparo, de allí la lesión en la mano. Siendo que ahora el disparo es de izquierda a derecha, de atrás adelante y de arriba abajo, el movimiento de la mano de la víctima hacia la herida con el primer disparo y su ubicación en la trayectoria del segundo, lleva más tiempo; es decir, un argumento de más peso para la estabilidad del tirador y el tipo de arma, puesto que ese tirador tardó algo más para el segundo certero disparo.

A esas dos apreciaciones iniciales, se unía la información de que tres ocupantes viajaban en el vehículo: el conductor, Fernando Berendique Betancourt, su amiga personal que asumimos como novia pero no identificada y  Karen Vanessa Berendique Betancourt.

Voluntaria ejecución criminosa

Desde el momento en que el testigo principal ubica a la víctima de los disparos a su lado en el asiento delantero, sea porque quiere sacar de escena a la amiga o porque ésta no existe, esa declaración añade al crimen un determinante factor: el dolo.

Deliberadamente se disparó hacia el sitio donde estaba el acompañante del conductor, a conciencia de que esa acción no detendría el vehículo puesto que muy bien podría seguir su ruta de huida; es decir disparos asegurados hacia un lugar donde se asume partes vitales de la víctima quedan expuestas al daño de los disparos; de hecho se detiene el vehículo, sólo porque Fernando Berendique Betancourt se percató que su hermana  estaba herida, desgonzada y no respondía.

El hecho no anula la apreciación en la nota anterior, antes por el contrario, como se afirma, agrega el factor dolo a la acción del tirador, quien apoyado, desde una posición estable y segura, por sobre la cota y con uso de instrumentos para visión a distancia y con baja luminosidad, disparó dos balas seguidas hacia un blanco que no detendría la huida del vehículo y que impactaron a la víctima en cuello y cabeza, en un área de una circunferencia menor a cinco centímetros de radio:

Un francotirador o su equivalente, aseguró y disparó contra un blanco distinto al conductor del vehículo en huida; dos certeros disparos y eso, como insistimos por la modalidad y calificación del crimen, no es posible hacer con un arma corta y sobre un blanco en movimiento.

La absoluta eliminación del ámbito técnico para la investigación del crimen

Queda en los hechos confirmado, ninguno de los elementos técnicos del crimen sobrevivieron a la expresa voluntad y actividad de los criminales; por sólo mencionar los citados, esos elementos no existen ni están en la escena, ni son posibles de reconstruir con valor probatorio.

En manos de quienes hoy, con su escenografía teatral, pretenden atender técnicamente las determinantes criminalísticas en la investigación del crimen de Karen Vanessa, sólo existe una escena del crimen contaminada, alterada y modificada, un vehículo tiroteado, un protocolo de autopsia y unas conchas de proyectiles, algunas recogidas “técnicamente” en la escena 72 horas después del crimen o, recogidas por vecinos y entregadas a la FGR.

Y no tienen evidencias físicas originales porque, las que no fueron destruidas desde el mismo momento posterior al crimen, se prestarán a severas dudas en cuanto a su origen y procedencia y sus resultados “técnicos” de laboratorio, en una audiencia controvertida, son total y absolutamente dubitables y ello, como determinante del valor y de su eventual peso probatorio en el acumulado de evidencias y en la pretensión de pluralidad indiciaria de los alegatos y argumentos de una acusación, son perfectamente refutables por una mediana defensa, lo que hace nugatoria la plena prueba e impidiendo una sentencia condenatoria en primera instancia, necesariamente ratificada en la apelación, imprime al caso el valor de cosa juzgada.

Por tanto los sospechosos, investigados y juzgados, si bien en un publicitado juicio, no será más que un enorme parapeto para garantizar, no sólo la impunidad de los criminales, sino la de aquellos quienes desde los altos mandos del gobierno, si bien no matan, dejan matar y garantizando a su vez total impunidad de los operadores y ejecutores de estos órganos armados lanzados a la calle como tropas de ocupación.

Es el derivado directo de dos factores: a) la eficiente destrucción de evidencia y modificaciones en la escena del crimen por parte de los criminales y b) la ulterior y especial negligente desempeño de quien tiene bajo su absoluta responsabilidad, el monopolio de la acción penal, Luisa Ortega Díaz desde la FGR.

A lo sumo todo conduce al mismo trillado camino del silencio, a lo máximo y a los efectos públicos, a una imputación por responsabilidad correspectiva, a una pena por exceso policial, a unas precipitadas jubilaciones y a unas negociadas sentencias menores; a ser cumplidas éstas en condiciones especiales y garantizando, a cambio de silencios,  sueldos, prebendas y acumulación de antigüedad en los cargo durante el cumplimiento de la sanción y con ello, a la vez que la satisfacción de los deudos e interesados, la impronta del silencio sobre la particularidades del crimen y, especialmente, la impunidad de ese francotirador o su equivalente.

Así es como se comienza y como se termina esa ardua y especializada tarea revolucionaria de Luisa Ortega Díaz, con o sin testigos estrellas, para garantizar la impunidad para las huestes del líder, Hugo Rafael Chávez Frías.

Desapareciendo lo técnico, sólo queda lo político

Indiscutible el hecho político que no técnico, desde el momento en que, como hemos visto, la escena del crimen no fue preservada en las condiciones originales puesto que estuvo bajo el total control de los criminales desde el antes, en el durante y en el después de ejecutado el asesinato de Karen Vanessa Berendique Betancourt.

Decisión política y sólo fue setenta y dos (72) horas después, que pasó la escena del crimen al relativo control de un equipo dizque técnico destacado para atender el asunto; por tanto, toda esa parafernalia de la FGR en sus anuncios de prensa y el despliegue de sus capacidades sobre una escena del crimen total y absolutamente contaminada, sirven sólo para lo que son, para cubrir las apariencias en el ámbito de lo político, jamás de lo técnico criminalístico porque eso fue destruido.

Por tanto, pretender que en el asunto del asesinato de Karen Vanessa Berendique Betancourt la FGR tenga a mano las determinantes técnicas y que sus peritos trabajen sobre una escena de crimen original, sin alteraciones, modificaciones, sembrados o destrucción de evidencias, son absolutamente falsas desde el momento mismo en que la escena y todo lo que se refiere al crimen, estuvo y sigue estando en manos de quienes ejecutaron el asesinato.

Los detalles elaborados en la nota anterior y al igual que aquellos que pudieren ser emitidos por el equipo técnico de la FGR, sobre un hecho y una escena modificada, alterada y puesta en escena por los criminales en el antes el durante y el después del asesinato, previo a la intervención técnica y, lo que se deriva de ello, no puede ser considerado técnico, ni en lo criminalístico; ni tiene peso en lo jurídico y mucho menos en lo argumental acusatorio.

Y es político, porque político es el desempeño estructural para garantizar la impunidad, para ello expresamente se abortaron las determinantes de una investigación técnica del crimen; aún así, el asesinato de Karen Vanessa ha dejado sobre el terreno un cúmulo de  evidencias que paso a paso, señalan la ruta revolucionaria hacia la impunidad.

Ese es el contexto de la impunidad donde se inscribe y debe ser tratado y analizado el texto del asesinato de Karen Vanessa Berendique Betancourt y siendo ello, decisión, obra y acción política, será ese el tratamiento para una siguiente nota.

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2 Responses to Expresamente abortaron la investigación técnica del crimen

  1. Pingback: Metodizada técnica para los asesinatos entre las bandas oficiales « Rafael Rivero Muñoz

  2. Pablo Rodriguez says:

    Cuantas arbitrariedades se cometen todos los diás y parece ser que no hay nadie que más que decir haga algo. Con las palabras se puede crear un mundo hacer, edificar, construir, materializar ese pensamiento en la realidad eso es diferente.

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